Personas altamente sensibles: (“Highly Sensitive Person” HSP en inglés)

Un tema de gran actualidad en Estados Unidos, Europa y otras partes del mundo, que apenas está alcanzando el interés de la población latinoamericana.

 

Para dar una impresión de la magnitud e importancia de este tema para las personas de habla alemana, puedo contar mi propia experiencia.

En Febrero de 2016 realicé junto con mi compañera de vida Lena Erlmann, un simposio virtual con el Título: “Congreso virtual de Personas altamente sensibles”. Al terminar el evento había más de 13.000 personas inscritas y el tema ganaba cada vez más terreno en el ámbito público como la prensa, la radio, la televisión, y las redes sociales. Este simposio contribuyó de manera importante a esa ola de cambio de conciencia en el pensamiento colectivo que ya rueda con gran fuerza en esas latitudes en dirección al empoderamiento, autoestima, motivación y avance de las personas altamente sensibles.

 

Pero, qué es eso de una persona altamente sensible?

 

Mucho se investiga, se documenta, se escribe y habla actualmente sobre el tema. Como yo no soy muy amigo de poner etiquetas y meter en cajones conceptuales a las personas, propongo no enfrascarse en conceptos rígidos y excluyentes. Por eso describiré a continuación mi propia vivencia y la experiencia de las personas a las que acompaño en mis asesorías personalizadas.

 

Las “Personas Altamente Sensibles” Somos personas que tenemos un alto nivel de empatía, es por esto que sentimos con más intensidad y claridad, que los que nos rodean. Para poner un ejemplo,  percibiremos al entrar a una casa o reunión, que algo pesado, conflictivo o difícil hay en el aire. Lo sabemos, pero no sabemos exactamente cómo lo sabemos y nos cuesta ponerlo en palabras.

Somos personas con procesos mentales más amplios, complejos, en red, y de largo plazo.

Con una profunda capacidad de conexión con nosotros mismos y nuestro interlocutor.

Poseemos también una mayor sensibilidad sensorial. Está bien documentado científicamente que nuestro cerebro procesa mucho mayor cantidades de información sensorial en menor tiempo. Percibimos entonces las imágenes, sonidos o sabores, por ponerlo de alguna manera, en “alta resolución”. Varía mucho que sentido o sentidos están más desarrollados en la persona, puede ser sólo la vista, o sólo el oído, o dos, o tres, esto es muy individual.

 

Poseemos una mayor sensibilidad hacia lo que le pasa al grupo al que pertenecemos, sea nuestra familia, nuestra ciudad, o nuestro planeta. Es por eso que tenemos un gran sentido social y ecológico.

 

Se podría decir que podemos leer entre líneas, percibimos las emociones o intenciones de los que nos rodean. Se puede decir entonces que “Sentimos” y percibimos gran cantidad de información que no puede ser cuantificada o explicada con la parte puramente racional del cerebro.

Tendemos a permitir que las emociones de los otros se mezclen con las nuestras, sin ser conscientes de ello. Esto puede generar con frecuencia cambios de ánimo repentinos, creemos que estamos tristes o enojados, pero estas emociones en realidad no son nuestras sino que las “tomamos” de alguien más.

 

En este punto me parece importante clarificar que muchos expertos en el tema diferencian entre “Personas Altamente Sensibles” y “Personas Altamente Sensitivas”. Si quisiéramos atenernos a esta diferenciación, diríamos que los altamente sensitivos, entre los cuales me cuento, tenemos la posibilidad de “percibir” y “comunicar” con otros niveles de conciencia que van más allá del nivel de la conciencia ordinaria espaciotemporal. En este punto no me voy a extender pues este tema está lleno de prejuicios y malentendidos y se requeriría otro contexto para hablar en profundidad de él.

 

También me parece muy importante poner en claro, que este tema no tiene nada que ver con religión, credo, sectas, raza, origen o cultura. Estamos hablando de las características de determinadas personas, independiente de si pertenecen a alguna religión, credo, origen o raza. Se trata de conceptos independientes de las creencias personales. Por mi parte respeto profunda-mente las creencias y cultura de cada individuo, sea la que sea.

 

Continuando entonces con las personas altamente sensibles, ocurre que nuestras capacidades y sensibilidad está desafortunadamente en muchos de nosotros asociada a grandes dificultades, que se remontan en muchos casos hasta nuestra temprana niñez. Hemos crecido incomprendidos, confusos al no saber lo que pasa con nosotros y sin saber cómo manejar nuestra elevada percepción. Una de las frases que más he escuchado en los últimos meses es algo así como: “siempre pensé que era un bicho raro”, “pensaba que estaba mal de la cabeza”, “siempre me sentí diferente de los demás”. Y es que sentir y percibir demasiado en este mundo es un desafío que muchas veces nos lleva a situaciones financieras, de trabajo y familiares muy difíciles de manejar y superar.

 

Nuestra capacidad de procesar y absorber mucha información en corto tiempo genera, la con mucha frecuencia mal entendida, necesidad de retirarnos y recuperarnos después de estar expuestos a muchos estímulos sensoriales o emocionales. No solamente el cerebro, sino todo nuestro sistema necesita un tiempo libre de estímulos para reasimilar los altos niveles de cortisona y otras substancias liberadas al torrente sanguíneo ante el estrés que se produce, cuando no sabemos manejar la gran cantidad de estímulos a los que nos vemos expuestos en determinadas situaciones.

 

Pero vamos entonces ya redondeando, pues no es mi intención extenderme en profundidad sobre el tema en este texto. Este daría al menos para varios libros, si quisiéramos realmente adentrarnos en el material científico y espiritual que enriquece actualmente éste conocimiento.

 

Para finalizar diría que una de las cosas más importantes para mí, es el potencial aún no reconocido e inexplotado que habita en una inmensa cantidad de personas. El camino de retorno a nuestra autoestima, empoderamiento y fuerza pasa necesariamente por el reconocimiento de que esta alta sensibilidad es un don muy preciado. Y es que cuando aprendemos a manejar ese don, a reconocerlo, a valorarlo y a utilizarlo de forma adecuada, cambios inimaginablemente positivos pueden ocurrir en nuestras vidas. Tengo la gran fortuna de recibir aún un año después del Congreso, cartas y testimonios de cientos y cientos de personas que han realizado cambios radicales y muy conmovedores en sus vidas. Mi camino personal está en el momento enfocado en ayudar a otros a comprender este fenómeno y a que estas personas aprendan a manejar su elevada sensibilidad, a recuperar la autoestima, y a “rediseñar” la propia vida, para llegar a ubicarse en un lugar donde estas capacidades estén “en el lugar correcto en el momento correcto”. De esta forma se convierten estas en una fuente de fuerza y vitalidad que se puede canalizar de manera creativa para generar, no solamente en nosotros sino también en quienes nos rodean, abundancia financiera, bienestar y prosperidad en todos los campos de nuestras vidas.

 

Mi camino y mi situación de vida actuales, son mi mayor testimonio de que se puede rehacer la propia vida cuando uno piensa que es un bicho raro, que es demasiado frágil y sensible para este mundo, que a uno nadie lo entiende y que todo está perdido.